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Astrología, introducción

La Astrología se basa en un concepto que la ciencia moderna llama holográfico. La raíz griega holos, indica ‘totalidad’, y el enfoque postula que todas y cada una de las partes de una totalidad contienen información acerca de todas las demás. Esta idea se aprecia fácilmente en el hombre, donde cada una de las células contiene la información genética (ADN) con la cual puede comprenderse la totalidad del cuerpo humano. Es así que los planetas, como los mayores indicadores de nuestro sistema, guardan cierta correspondencia con nosotros como sistema menor. Esto fue denominado principio de correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos en la Antigüedad.

La Astrología debe ser tomada por el lector esencialmente como herramienta de orientación y significación; como un instrumento que facilite la comprensión y el crecimiento. Gracias a ella, es posible conocer las potencialidades y las posibilidades personales. Obviamente no es una religión y el tema de creer o no en ella es un absurdo, al tratarse de un modelo teórico de ciertos aspectos de la realidad, su valor reside en sus posibilidades de aplicación como sucede con todos los otros modelos y marcos teóricos que el hombre ha creado.

Debido a mi formación como astrólogo con orientación humanista y psicológica, no considero a la Astrología como un sistema mecanicista ni como una herramienta de mera predicción. Me refiero a que existe una corriente de la Astrología, que influenciada por la visión cartesiana y atomicista de finales del siglo XVIII y principios del XIX, considera al sistema solar y al universo como una especie de gran mecanismo. Esta línea parte de la creencia de que sólo existen causas y efectos, y así surge el concepto de que los planetas podrían afectar en algún aspecto a las personas de la Tierra. Esto deja al ser humano en un estado de indefensión frente a la supuesta determinación de estos planetas/dioses. Este enfoque racionalista extremo quita al hombre toda posibilidad de libre albedrío y libertad, y los artículos que aquí se desarrollarán no se sustenta en él.

La Astrología es uno de los conocimientos tradicionales de mayor antigüedad que se practican actualmente. Durante los últimos 6000 años, no sólo fue sinónimo de astronomía sino que aportó al hombre significado y sentido, expresando el vínculo con el orden mayor que lo rodea, orientando a reyes y gobernantes de casi todos los pueblos de la Tierra. Debido a su antigüedad, no se conocen sus orígenes con exactitud, pero se han encontrando pruebas arqueológicas de su práctica en la época babilónica. Floreció en Egipto, influyó en el desarrollo cultural de los griegos, hindúes, tibetanos, aztecas, árabes, persas, israelitas, chinos y europeos.

En su libro Hidden Mysteries of Astrology, Osho escribe:


"…la Astrología es, quizás, el tópico más antiguo, y también, en cierta medida, el más ignorado. Es el más antiguo porque ha existido hasta donde hemos sido capaces de investigar la historia de la humanidad en el pasado. Se han encontrado inscripciones astrológicas en restos de huesos de la civilización sumeria y un esquema de la órbita de la luna en el firmamento.

Pero, en la India, esta ciencia es todavía más antigua. En el Rigveda se hace referencia a una cierta constelación de estrellas, que sólo se pudo haber producido hace noventa y cinco mil años. Debido a esto, Lokmanya Tilak concluyó que los Vedas deben ser con seguridad incluso más antiguos; por tanto, esta referencia védica en particular debe tener una antigüedad de noventa y cinco mil años…"

Es importante destacar que aún cuando la Astrología ha sido perseguida, degradada, tachada de brujería y criticada durante cientos de años, ha perdurado a través de toda la historia escrita de la humanidad. Entre los seguidores eminentes de la Astrología encontramos figuras tales como Confucio, Aristóteles, Platón, Cicerón, Paracelso, Nostradamus, Virgilio, Dante, Shakespeare, Spinoza, Milton, Leibnitz, Schiller, Bacon, Byron, Napoleón, Goethe, Emerson, Ptolomeo, Napier, Pitágoras y el padre de la medicina, Hipócrates. Además, también algunos de los más grandes científicos y astrónomos como Johannes Kepler, Isaac Newton, Tycho Brahe, Nicolás Copérnico y Galileo Galilei, cuyas contribuciones a la ciencia han sido consideradas geniales, profesaban un profundo interés por la astrología, aunque a veces esto se pasa por alto.

Psicólogos e importantes pensadores del siglo XX como Carl G. Jung, por ejemplo, han actualizado el significado de la Astrología en un marco más accesible al hombre moderno, reconociendo en ella el enorme potencial de un saber que todavía debe ser descifrado. Para Jung el fenómeno de la Astrología es una experiencia que proviene de las asociaciones inconscientes del hombre con la naturaleza y el universo. También la mitología y sus dioses sería la expresión simbólica de estas estructuras del inconsciente colectivo o arquetipos, como él las llamó.

Para entender la finalidad concreta de esta ciencia debemos ir más atrás todavía. En el principio mismo de las comunidades humanas, la observación del cielo surgió como referencia para ordenar las actividades cotidianas. El Sol y su ángulo con respecto al horizonte, y el tiempo que tarda en recorrer el cielo desde el amanecer hasta que se oculta, hicieron posible la determinación de las estaciones. Por esta razón, se erigieron monumentos de piedra que servían como referencia para indicar los equinoccios, como por ejemplo Stonehenge, al suroeste de Inglaterra, y las pirámides de Egipto, ambos construidos hace aproximadamente 6000 años. Otro componente importante en el cielo es la Luna y sus fases; justamente los 28 días que tarda en completar su ciclo dieron origen a los calendarios lunares de 13 meses para cada ciclo anual.

Nuestros antepasados comprendieron que el Sol indicaba cuatro etapas de división del año con cualidades específicas, las estaciones, y la Luna a su vez medía períodos más cortos y cualidades más puntuales. Pronto fue evidente que el período de lunación de 28 días se correlacionaba con los períodos menstruales de la mujer, la Luna llena era una influencia determinante en las pariciones, indicaba momentos propicios para la pesca, la siembra, actuaba de un modo incuestionable en el fenómeno de las mareas, etc. Surge así el concepto de “tiempo-cualidad” y la mejor expresión de este saber lo encontramos en la Biblia, Eclesiastés 3,1-8.
Hay un tiempo para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol:
Un tiempo par nacer y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;
un tiempo para matar y un tiempo para curar,
un tiempo para demoler y un tiempo para edifcar;
un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse;
un tiempo para buscar y un tiempo para perder,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar y un tiempo para odiar,
un tiempo de guerra y un tiempo de paz…

Para nosotros, seres humanos modernos, el tiempo es una abstracción sin implicaciones propias vinculadas a la cualidad de la vida o de los acontecimientos. El período entre las 20 y las 21 horas de hoy tiene la misma naturaleza que el de las 20 a las 21 horas de hace un año: es simplemente una hora. Pero en realidad, de un año al siguiente, todas las posiciones relativas de los planetas y otro sin número de factores cambian y por lo tanto a pesar de que el aspecto cuantitativo (una hora) es el mismo, el aspecto cualitativo ha cambiado. Este es uno de los motivos por los cuales el hombre, al perder este saber acerca del tiempo, simultáneamente perdió la vinculación y el sentido de orden con lo que lo rodeaba.

Llegado a este punto, aclaro al lector la clave de este saber: este hombre primitivo también notó que el espacio era fundamental; cuando en un lugar se presenta la cualidad que llamamos primavera, ¡en otro se presenta la cualidad opuesta y complementaria que llamamos otoño!. Movimiento, espacio y tiempo forman un TODO, surgen divididos solo a la percepción del entramado específico (o anudamiento de estos tres aspectos mencionados) llamado "humano".
La Astrología entonces, es este saber práctico de que el “tiempo” tiene cualidad, forma una continuidad con el “espacio”, se cruza con él, y ambos, a manera de un “molde-matriz”, con movimientos cíclicos y patrones recurrentes, favorecen o entorpecen las actividades del hombre. En la medida en que la Astrología es un marco teórico que permite predecir y comprobar qué cualidad específica existirá en un momento dado y en tanto que este marco teórico puede ser practicado y corroborado por todos, es legítimo llamarla ciencia.

Fernando Alvarez (continuamos la próxima, espero comentarios y preguntas)

(Texto tomado de mi libro Predicciones 2009-2010 con correcciones. Todos los derechos reservados. Puede ser reproducido citando la fuente y mi sitio web: www.AstroNoa.com.ar)
Y no te olvides que podes escuchar mis programas de RADIO "La Puerta", aquí:

2 comentarios:

  1. "Movimiento, espacio y tiempo forman un TODO, surgen divididos solo a la percepción del entramado específico (o anudamiento de estos tres aspectos mencionados) llamado "humano"."

    Muy buen artículo, de verdad, muy bien escrito además. La antigüedad de estas disciplinas y lo que han sobrevivido hasta hoy, me parecen la prueba de su potencial.

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